Solo cogí las llaves del coche. Y las de la casa para cerrar, no tan segura de si para volver..
Cerré y me di la vuelta. El frío me sorprendió a pesar de esperarmelo y heló todo mi cuerpo y,casi como de un susto, consiguió ponerme todos los vellos de punta.
Un goterón de agua cayó sobre uno de mis rizos, que se habían deslizado delante de mi cara, haciéndolo rebotar como si se tratase de un muelle, volviendo de nuevo a su sitio.
La luz de un rayo me sacó de aquella especie de letargo en la que me quedé mirando un simple mechón de pelo. Me sequé la cara con las manos.
Salí bajando los escalones con cuidado de no caerme y me monté en el coche. Arranqué. Eran las tres de la mañana.
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